Medida del tiempo por la mente: otra teoría del tiempo.

La medida del tiempo por la mente.

Todos sabíamos que esto llegaría algún día, pero no creíamos que iba a ser tan pronto.

Hemos vivido cada minuto, unos más largos y otros muy cortos. Minutos de ilusión, minutos decepcionantes, de aprendizaje, de muchos fallos, y de algunos, pocos, aciertos.

Al fin, y al cabo, minutos insignificantes, pequeños e indolentes minutos primitivos… pobres y despreciados minutos. ¿Pero qué sucede si encadenamos estos mínimos minutos?.

Por ejemplo si unimos 10.512.000. Pues si… pues eso, cumplimos 20 años, ¿y qué?.

¡Felicidades Arteyvino.com!  20 años no es nada…

La medida del tiempo

 

Teoría de los segmentos.

La medida del tiempo por nuestra mente.

Puede parecer a lector atento que la primera frase de este artículo no tiene mucho sentido si se tiene en cuenta lo escrito a continuación: 20 años, son 20 años y llegan cuando se cumplen 20 años… y punto.

Si, esto es cierto: ¿pero realmente hemos tenido la sensación de que cada uno de estos últimos 20 años han durado lo mismo?. Yo diría que no. Muchos de los que lean esto no estarán de acuerdo conmigo, pero seguro, que otros muchos si coinciden con lo que digo.

Generalizando, para los más jóvenes los años duran más, para los de más edad, menos: en definitiva, el tiempo parece que transcurre más lentamente para unos que para otros.

Daros cuenta que digo “generalizando” y esta es una clave muy importante, porque evidencia que hay excepciones, y si analizamos la excepción encontraremos la pauta y podremos controlar… nuestro tiempo.

 

Parte I: Funciones Mecánicas

Trayecto  Primero. Medida, tiempo, mente y el reloj.

Palma de Mallorca: 15 marzo, jueves 9:30 horas.

3 amigos y la medida tiempo

 

Tres amigos toman café en un bar.

Uno de ellos muestra un reloj con cronometro.

– ¿Qué os parece?… Son extraordinariamente precisos, elegantes y a un precio de risa. Fijaros, hasta el jefe me ha dado algunos para que los regale.- dice Juan –

– No pongáis esa cara, también he traído unos para vosotros.

Los amigos examinan los relojes que les acaban de regalar y alaban sus cualidades.

– Os propongo un juego – continua Juan – Utilizando el cronometro del reloj vamos a comprobar quien mide mentalmente mejor el tiempo y el que más se aleje de la realidad, paga los cafés.

Los tres amigos ponen un dedo en el botón del cronometro, cierran los ojos y a la voz de ¡ya!, pulsan el botón del cronometro arrancando la cuenta.

Cada uno de los tres amigos, cuando considera que ha transcurrido un minuto vuelven a pulsar el botón del cronometro, deteniéndolo.

Comparan los resultados. Ninguno de los tres a conseguido detener el cronometro al minuto exacto:  Marga, ha detenido el cronometro 18 segundos antes del minuto. Juan, lo paro 10 segundos antes de tiempo. Y por último, Pedro se pasó 8 segundos.

Ganó Pedro, pero parece que cada uno mide el tiempo de una manera diferente.

Días después, los tres amigos, volvieron a jugarse los cafés con el mismo sistema. Ninguno detuvo el cronometro cuando debía. Esta vez, Marga volvió a quedarse corta en 14 segundos, Juan se pasó en 5 y Pedro lo detuvo 10 después del tiempo.

Esta vez gano Juan, pero parece, comparándolo con la vez anterior, que además de medir cada uno el tiempo de una manera diferente, también la medida de cada uno cambiaba.

Marga, que era el estadístico del grupo, cada día que jugaban anotaba los resultados.

Siempre que se reunían para tomar café jugaban al “cronometro”, que ya se había convertido en una tradición. Los resultados siempre cambiaban: después de de 11 partidas, nadie acertó a parar el cronometro en el momento exacto. Todos, a veces se quedaron cortos y otras se pasaron, con diversas diferencias de tiempo.

Tampoco ninguno los tres repitió la misma marca, ni siquiera, como se podía esperar por la práctica, los últimos días del juego se acercaron más a parar el cronometro en el momento exacto: no se pudo sacar ningún patrón, debido al caos que significaban los resultados obtenidos.

Parecía que solo había una respuesta posible: el azar.

Respuesta que rechace rápidamente por tres razones:

1º Porque no quería aceptarla.

2º Porque si la aceptaba se acababa este cuento.

3º Porque nuestro cerebro* y el azar no se llevan nada bien.

*Ojo. Me refiero a la maquina que es nuestro cerebro. De ninguna manera a la forma de pensar, que eso depende de las premisas que hayamos inculcado en él, y de las que vengan de serie.

Por lo que decidí anotar las conclusiones que había sacado del juego:

– Cada uno mide el tiempo de una manera diferente.

– La medida que cada uno hace del tiempo, cambia.

Todo esto parece que nos aleja de poder conseguir unificar un criterio que nos lleve a saber cómo mide nuestro cerebro el tiempo…

Podría ser, que a veces, el tiempo no tiene importancia para él, aunque siga pasando inexorablemente: ¿será esta otra de las múltiples trampas que nos tiene preparadas para engañarnos?

Quizás. Pero tened cuidado con este narrador que conoce el fin de la  historia y puede utilizar su astucia para llevaros a sitios desconocidos de vuestra imaginación. En definitiva dudad, dudad de lo evidente hasta que se demuestre lo contrario.

 

Trayecto  Segundo. Un caso típico.

Madrid: 16 marzo, viernes 10:00 horas.

Hoy es un día muy importante para Clara. Por fin tiene la posibilidad de trabajar en lo que le gusta y para lo que se ha preparado durante tanto tiempo… y todo depende, solamente, de una última entrevista: ya es mayor tiene 26 años y siente que el tiempo se le escapa.

Nada puede fallar.

Para estar a la hora exacta, decide llegar al lugar de la cita 15 minutos antes.

Consulta repetidamente su reloj de pulsera, después el del móvil, de nuevo el de pulsera… El tiempo no pasa. La espera se hace interminable: ¿Por qué? Si solo son 15 minutos.

La respuesta es muy sencilla. Cada vez que Clara mira el reloj, hace una anotación, una grabación, un nuevo registro importante en su memoria: a cada uno de estos nuevos registros los llamaremos  “Segmento de tiempo”.

Clara, debido a le ansiedad o inquietud (ella desea en esos minutos, sobre todas las cosas, empezar con la entrevista ya)  en 15 minutos puede  crear  5, 10 o más segmentos de tiempo. Muchos, demasiados segmentos de tiempo.

¿Demasiados…? Si, pensemos que en un día normal, de los que hacemos lo mismo de siempre, un persona adulta hace muy pocos segmentos de tiempo, 1, quizás 2,  incluso habrá muchos días que no haga ninguno.

Si nuestra mente está acostumbrada a hacer pocos segmentos de tiempo, cuando hace muchos entenderá que ha pasado mucho tiempo.

Sin duda este día, consiga el trabajo o no, será inolvidable para Clara porque al hacer tantos segmentos de tiempo consecutivos en un periodo tan corto, habrá creado un Hito temporal que será un punto de referencia en su mente para poder ubicar acontecimientos dentro de la misma.

Más adelante veremos la gran importancia de los hitos temporales. Ahora baste decir , que si Clara no hubiera mirado el reloj, el tiempo hubiera pasado más rápidamente, vamos como siempre.

Podemos intuir, por este caso,  que la medida del tiempo por nuestra mente parece que tiene mucho que ver con la forma de relacionarnos con nuestro entorno físico, o mejor: mecánico.

 

Trayecto  Tercero. El día más largo.

Valencia: 26 marzo,lunes 8:00 horas.

Hoy hace 10 años que Antón trabaja como funcionario en el ayuntamiento  de Valencia. Para el su trabajo no tiene secretos.  Prácticamente en una rutina en la que solo cambian algunas variables, pero la mecánica es siempre la misma. Todo lo que tenía que aprender ya lo aprendió  y las situaciones que se le plantean habitualmente ya las ha vivido o vivió alguna muy parecida. Para él, la sensación de la cantidad de tiempo que pasa diariamente en su trabajo es siempre la misma. Parece  que está instalado en una cierta monotonía…

El primer día de trabajo de Antón, hace 10 años.

Iba a trabajar en algo que le encantaba: en el departamento de Medio-ambiente.

A las 8:00 de la mañana estaba en el sitio que le habían indicado. Allí esperaba al que sería uno de sus compañeros de trabajo y que se encargaría de mostrarle el funcionamiento del departamento

En aquel primer día conocería muchas cosas nuevas,  ya que vería el funcionamiento general del departamento: las diferentes secciones y sub-secciones,  los encargados de las mismas y  sus auxiliares, la atención al público, el trabajo de calle, el jefe, etc.

En definitiva , un montón de gente y cosas totalmente nuevas para él. Digamos que la mañana estaba siendo bastante densa.

Seguramente fue uno de los días más largos de su vida. ¿Por qué? Su jornada laboral sería
más o menos como la de ahora, 7 horas. Su mente realizo muchos segmentos de tiempo para poder guardar toda la información que durante aquel primer día de trabajo recibió.
El segundo día le pareció más corto, pues había muchas cosas que ya las conocía. El tercer día lo sintió más corto que el anterior y así … hasta hoy, 10 años después, que prácticamente solo se entera del tiempo cuando entra en la oficina, a la hora del café y a la salida de vuelta a casa.

El lector curioso se preguntará: ¿pero es que el resto del tiempo no hace nada?

Y yo le contestaría: buena pregunta.

Claro que trabaja y además mucho y duro.  Y la respuesta es sencilla… pero  vamos a dejarla para más adelante, y mientras tanto probamos a ver si tú la descubres.

 

Continuara…

 

C.R.C. arteyvino.com

 

El sumiller Gráfico

2 comentarios en “Medida del tiempo por la mente: otra teoría del tiempo.

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